Créditos Estudiantiles: Un Gran Acierto

Aunque hay mucho que podría mejorarse, debo decir que el Programa de Financiamiento de Educación Superior recién anunciado por el Presidente me parece una gran idea.  Con 2 mil 500 millones a su disposición, el programa busca beneficiar a 23 mil jóvenes mexicanos durante 2012 proporcionándoles créditos bancarios para estudiar una licenciatura o un posgrado en una universidad privada. El plazo contemplado para pagar los créditos es de 15 años y la tasa de un 10 por ciento fijo.

La principal razón por la que me gusta el programa es que ayuda a jóvenes mexicanos talentosos, sin recursos suficientes para obtener una carrera en una universidad de su elección y de esta manera estimula la movilidad social. En esta era de globalización y tecnología el valor de un título universitario, y más uno de posgrado, es enorme. Desgraciadamente, es la falta de recursos y no la capacidad de los jóvenes lo que determina en gran media si se obtiene este beneficio.

En teoría está la opción de acudir a una universidad pública gratuita. Pero, ¿por qué limitar a los jóvenes a universidades públicas? ¿Por qué no darles la opción de estudiar en privadas si así lo prefieren? Además, está el problema del cupo en las universidades públicas. La UNAM, por ejemplo, acaba de rechazar a más de 100 mil aspirantes. Entre más jóvenes mexicanos tengan acceso a educación superior, ya sea pública o privada, mejor.

Ahora bien, con todo lo que me gusta la idea considero que el programa podría mejorarse sustancialmente. Primero que nada me parece demasiado alta la tasa fija de 10 por ciento, sobre todo cuando el costo de financiamiento del gobierno federal es de la mitad.  Me queda claro que es más riesgoso prestarle a un estudiante que al gobierno y que por eso la tasa debe ser mayor; sin embargo, el criterio del programa no debería ser puramente económico.

Una segunda modificación clave sería cambiar el esquema de pagos fijos a un esquema de pagos variables, ligados al sueldo del egresado. Conseguir empleo después de graduarse no es fácil en México y menos un empleo bien remunerado. En lugar de pagar 10 por ciento pase lo que pase, ¿por qué no ligar el pago a un porcentaje del sueldo del egresado, digamos un 15 o 20 por ciento? También está el riesgo de dejar a los beneficiarios en una agujero de deuda de por vida. ¿Por qué no considerar algún tipo de quita en caso de que su desarrollo profesional no sea el esperado?

Un tercer elemento que ayudaría a mejorar el programa sería una mayor contribución por parte de las universidades que compeltaran con algunas becas y los bancos participantes, con créditos mejores tasas.

Por Julio Serrano. Copyright © Milenio

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