¿Conviene tener una carrera?

Francisco Carrada / Reforma (19-Sep-2012).-

Los programas académicos de educación universitaria de casi todos los continentes se inician en el otoño, en fechas que fluctúan de fines de agosto a principios de septiembre.

A partir de 2008, esta tradición se ha visto sujeta a la lupa de la decepción, ya que estudiantes de casi todas las regiones del orbe, incluyendo México, han empezado a cuestionar si vale la pena invertir esfuerzos, recursos y tiempo para lograr un título universitario, ya que la experiencia de los últimos 4 años del mercado laboral profesional indica que los jóvenes al graduarse 1) obtienen un título con un valor presente neto negativo, medido por su costo de oportunidad que se estima en 25 mil 250 dólares o, aproximadamente, 340 mil 875 pesos; 2) que el mercado laboral, regularmente, no ofrece las oportunidades para aplicar el conocimiento adquirido; o 3) que las oportunidades de empleo son inconsistentes con el conocimiento adquirido, o no requieren ni del entrenamiento que se requiere para diplomarse con un título universitario.

Un ejemplo de las limitaciones existentes en el mercado de trabajo universitario lo exhibieron los graduados de MBA de un renombrado programa de gran reconocimiento universal. El 70 por ciento de la camada no pudo obtener empleo, por lo que muchos se vieron forzados a iniciar su carrera profesional como meseros, cantineros u otras actividades similares, con ingresos que difícilmente alcanzan para saldar las anualidades de la deuda adquirida para educarse.

Las nuevas generaciones están considerando inscribirse en una carrera técnica, corta y de bajo costo, como la de mecánico, plomero o electricista, mientras que otros están ponderando abandonar, definitivamente una carrera universitaria para explorar oportunidades empresariales, principalmente, en el mercado informal.

En mi experiencia personal, abandonar la ruta de una carrera universitaria puede dar pábulo a un traspié de carrera y vida que pueden no ser óptimas y hasta lamentables.

Apenas hace unas semanas, recibí una nota muy efusiva de agradecimiento, por correo electrónico, de una estudiante de postgrado de la Universidad de Leicester.

Es originaria de Kuwait, y la conocí fortuitamente, durante un viaje al Medio Oriente, cuando me pidió ser su director de tesis.

Después de muchísimas horas de un trabajo, en el que se manejó una matriz con miles de datos sobre cientos de empresas que nunca se habían analizado, su esfuerzo se reflejó en un estudio que le redituó a la autora un reconocimiento universitario y una bien merecida promoción, que le brindó la oportunidad de una nueva carrera ejecutiva de mucho reto y un aumento substancial en sus ingresos.

Pero más allá de anécdotas, existe evidencia empírica que permite analizar los beneficios a largo plazo, de una carrera universitaria.

En primer lugar, existe una gran cantidad de estudios que indican que, en promedio, los graduados con una carrera universitaria obtienen ingresos durante su vida profesional que son superiores, en términos de costo de oportunidad, en un millón de dólares a los que obtienen graduados de carreras técnicas.

Otros estudios indican que el arribo de una recesión elimina primero el empleo de los trabajadores con diploma de preparatoria o menos, y que los niveles de desempleo de los graduados universitarios durante una recesión fluctúan entre 4 y 6 por ciento, mientras que el de los trabajadores con diplomas de preparatoria o menos llegan a ser de hasta 24 por ciento.

Pero si las estadísticas anteriores, que forman parte de la microeconomía, no fueran suficientes para justificar la inversión en una carrera universitaria, hay otras consideraciones de orden macroeconómico, como las que se relacionan con el crecimiento económico y la competitividad internacional, que apoyan la necesidad de un país de promover y alentar la educación universitaria, ya que por siglos el grado de educación universitaria ha sido la base sobre la que se han sustentado la prosperidad y el desarrollo económico nacional.

¿Usted qué opina?

El autor es académico, economista y experto en negocios.

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2 respuestas a ¿Conviene tener una carrera?

  1. Básicamente, la influencia de la formación universitaria depende de dos factores distintos: la propia fase de la carrera profesional (si estamos al inicio de ella, en su momento más álgido o en la etapa final) y la situación real del empleo de cada titulación. Según avanza la experiencia profesional, el valor de los estudios universitarios como condicionante en la empleabilidad pierde interés. Por el contrario, factores como la carrera profesional, el tipo de experiencia o la coherencia de la evolución laboral incrementan su peso. Por otra parte, la situación real del empleo de una titulación, es decir, el atractivo que tiene en el mercado de trabajo, depende de la oferta y la demanda. O lo que es lo mismo, depende del equilibrio que exista para cada titulación entre el mercado de trabajo y el académico.

  2. Hola, yo considero que la educación superior es una gran herramienta que nos ayuda a tener una mejor preparación para el mercado laboral y de igual manera es una satisfacción personal terminar los estudios superiores, nunca es tarde para iniciar el estudio del nivel superior, yo estudio en la UTEL, es a distancia, ya que por cuestiones dejé la carrera trunca de Administración, pero la pude retomar y conservar mi empleo. Con el titulo tendré mayores oportunidades para un ascenso.

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